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 Ansorena

Lote 624

BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

Sevilla (1618 / 1682)

"Cristo en la Cruz”, h. 1665-1669

Óleo sobre tabla. Puntas cantoneras en plata con decoración de roleos.

Procedencia: Sagrario del altar mayor de la iglesia del convento de capuchinos, Sevilla.
 
Bibliografía: HEREZA, P., Corpus Murillo. Pinturas y dibujos. Cristología, [en prensa], número de catálogo: [C-81]
 
Esta obra posee permiso de exportación, expedido el 17 de febrero de 2026.
 
Uno de los conjuntos más importantes realizados por Murillo es el que llevó a cabo en la iglesia del convento de capuchinos de Sevilla. Entre los años 1665 y 1669 pintó para este edificio algunos de sus trabajos más destacados como el gran lienzo del Jubileo de la Porciúncula, que presidió el retablo mayor, o la celebérrima Virgen de la servilleta, una de sus imágenes marianas más conocidas. Desde su ejecución, este conjunto pictórico recibió grandes elogios de la crítica especializada por su gran calidad artística y por el profundo conocimiento teológico que demostró el artista a la hora de interpretar los hechos religiosos en su etapa de madurez.
 
Sabemos que la presente obra procede del mismo conjunto, gracias a un estudio pormenorizado realizado por Pablo Hereza, quien identificó esta pintura con la cruz de Murillo que se encontraba en el sagrario del altar mayor. Ceán Bermúdez fue el primero en dar detalles de esta obra al indicar que en la parte inferior del retablo mayor se encontraban algunos trabajos realizados por el maestro sevillano, como la referida Virgen de la servilleta, una Santa Faz y “el crucifijo pintado en la cruz de la mesa de altar”.
 
Como indicó el especialista en Murillo en su estudio, la fuente directa de esta pintura es el dibujo que se conserva en la colección Ford. Con este diseño de apurada corrección y delicadas formas logró concebir una imagen ideal que se adecuaba perfectamente a la meditación devota y que sirvió de base al maestro y también a sus colaboradores cuando tenían que abordar este tema iconográfico. Cristo se presenta en la cruz sin vida, mostrando en su cuerpo la sangre surgida por la herida de la lanzada en el costado. Sin embargo, la expresión de su rostro es reposada, rechazando Murillo cualquier tipo de expresión desgarradora que pudiera distraer la representatividad eucarística, la función devocional pública y la íntima oración. El maestro sevillano hace alarde de una técnica magistral en la que, mediante pinceladas ligeras y sutiles que moldean las luces y las sombras, nos presenta un estudio pormenorizado de la anatomía del cuerpo de Cristo, adaptándolo perfectamente al espacio cruciforme del soporte. Con la misma soltura resuelve otras partes como el paño de pureza o el hermoso rostro de Jesús, mostrándolo con los ojos cerrados y la boca entreabierta, configurando una imagen del Crucificado sosegada y carente de dramatismo.
 
Se conocen otros ejemplos en los que Murillo abordó la presente tipología, aunque esta obra, por estar destinada al retablo mayor, supera en tamaño y calidad de ejecución a todas las conocidas. Había otras cruces pintadas por él en los altares laterales, en las pilastras del templo y también en las celdas de algunos frailes. En total cuatro tipologías que respondían a una diferente funcionalidad, pero todas ellas apreciadas desde el punto de vista artístico por los coleccionistas, tal y como demuestran los altos precios en los que estaban valoradas desde el momento en que fueron pintadas.
 
Esta obra se incluirá y estudiará con el n.º [C-81] en Hereza, Pablo: Corpus Murillo. Pinturas y dibujos. Cristología (pendiente de publicación) como obra de Murillo con una cronología de h. 1665-1669.

56 x 40 cm. / 45,6 x 29,2 cm. (Sin las puntas)

Precio salida 340.000 €

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