amazonas istanbul

Marco, Eduardo

amazonas istanbul

March 7th  - 
April 8th

  • Inside Istanbul, 2012
    Fotoggrafía C-Print | 120x180 cm.
  • Inside Istanbul, 2012
    Fotoggrafía C-Print | 90x130 cm.
  • Amazonas, 2009
    Fotoggrafía C-Print | 90x130 cm.
  • Amazonas, 2009
    Fotoggrafía C-Print | 90x130 cm.
  • Amazonas, 2009
    Fotoggrafía C-Print | 150x225 cm.
  • Amazonas, 2009
    Fotoggrafía C-Print | 120x180 cm.
  • Amazonas, 2009
    Fotoggrafía C-Print | 120x180 cm.
  • Amazonas, 2009
    Fotoggrafía C-Print | 120x180 cm.
  • Inside Istanbul, 2012
    Fotoggrafía C-Print | 150x225 cm.
  • Inside Istanbul, 2012
    Fotoggrafía C-Print | 150x225 cm.
  • Inside Istanbul, 2012
    Fotoggrafía C-Print | 150x225 cm.

Marco, Eduardo

amazonas istanbul

The exhibition

La aventura es un instinto que obedece a esa razón profunda que busca la novedad. Durante el viaje, el despliegue de imágenes frescas enjuaga los saturados ojos del hombre moderno y les infunde de nuevo el vigor que necesitan para capturar lo infinitamente voluble en un encuadre inalterable. Entonces comienza a correr un tiempo propio en la imagen congelada, como sucede en la recóndita selva amazónica y en los ruinosos edificios turcos que ha traído consigo Eduardo Marco.

De esta forma el fotógrafo permite que se asiente toda esa maraña sensorial que invade su retina durante el viaje, casi siempre confiando a la intuición la agridulce tarea selectiva entre el vértigo de la modernidad, que Baudelaire cifraba en «lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable.» Es la aventura un cosquilleo que espolea al espíritu creador ante la desazón que produce la monotonía e insensibilidad de la costumbre de vivir; es también una fuente fecunda de incertidumbre que debe ser tomada con honradez y sosiego. Suele ocurrir que cuando alguien busca algo con mucha ansiedad, sus ojos se nublan y no ven. Otros, con más calma, se dejan sorprender: este es el feliz impulso que guía los pasos de Marco.

"En las profundidades del Caribe Amazónico hay un lugar oculto que los nativos llaman La floresta encantada. Tras varias horas remando en canoa, se llega a una jungla inundada y verdegrís de enormes esqueletos vegetales que emanan un silencio de muerte o de vida a punto de despertar..."

A través de la espesura tropical, el fotógrafo brasileño vislumbra en aquellos manglares el estado puro y salvaje del ser humano, la primitiva y casta naturaleza, percibiendo aquel estremecimiento animal que sintió Gauguin al descubrir completamente destruido todo su viejo resto de ser civilizado. Así remonta el río en silencio, vadeando las aguas selváticas –tan oscuras que asombra cómo han llegado a crearse los tópicos coloristas y románticos sobre esos lugares– hasta encontrarse de cara con el relato mítico; Eduardo Marco apresa ese paisaje hipnótico, onirismo vegetal de las pinturas fosilizadas de Max Ernst, doblemente silencioso en su reflejo acuático.

«Fotografiando la ciudad vuelvo por la noche al hotel y desde mi habitación compruebo si alguien me ha seguido. Soy un ladrón. Tengo conmigo un montón de imágenes robadas y con suerte seis o siete muy valiosas. En Estambul ha sido una actuación calculada y temeraria: robo con allanamiento de morada. Eran casas vacías, pero llenas de luz y recuerdos y ausencias. Lo he robado todo.»

La aventura no cesa nunca en el fotógrafo infectado por ella. La voracidad de su ojo, que desborda la memoria al final de cada viaje, se renueva periódicamente en una alquimia que le permite enfrentar otra vez la visión espesa que es el mundo. Así, de las soledades antediluvianas de la floresta americana Eduardo Marco vuela a las solitarias estancias de edificios abandonados en Estambul. No obstante, en la atmósfera de ambas series, se alza el ser humano con su poderosa ausencia; y de repente, se congregan en el espacio bidimensional de la fotografía la presencia del fotógrafo, nuestra mirada, una humanidad germinal a punto de asomar tras la floresta o un millón de turcos allá en la calle, ventana abajo.

Aún más, el allanamiento que perpetra de las ruinosas estancias confiere a la experiencia de mirar una agitación que nos hace más conscientes de nuestro propio ser dentro de esas habitaciones desertadas, tan propicias para ese otro abandono que es la entrega de uno mismo ante un objeto artístico. A hurtadillas, la mirada se pasea por los lóbregos espacios en apogeo de su decadencia, pisando cristales y escombros crujientes; también crepita a su paso la nieve que ha entrado por las ventanas, a las que el ojo se asoma para escudriñar las fachadas devastadas.

Esa precisión ortogonal de la ventana, metáfora clásica del ojo pictórico, se dispone como una llave maestra a descerrajar el espacio hermético en los asaltos de Marco a estas casas abandonadas del hombre que, sin embargo, invitan cortésmente a la contemplación de la belleza marchita, con la suave cadencia nívea, con la sobria emoción de un haiku.

Almudena Cruz Yábar

Cuerpo de Museos del Estado

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Biography

Eduardo Marco
(Porto Alegre, Brasil, 1970)
Muestra desde sus comienzos artísticos en Río de Janeiro y São Paulo una gran pasión por la fotografía. A los veintidós años recala en Click Studios de Londres –uno de los más prestigiosos centros fotográficos de la capital británica– y asiste, entre otros, a Albert Watson, Annie Leibovitz, Michael Thompson o Nick Knight.

Después de este aprendizaje, dirige su carrera hacia la fotografía de moda y realiza grandes campañas para revistas como Big Magazine, ELLE o Vogue, y también reportajes en los periódicos El Mundo, Le Monde y El País. Según el propio Marco, esta experiencia supone «una gran escuela para el fotógrafo, donde aprende a controlar y tratar a la perfección la luz, la composición, la armonía y la belleza. Siempre he pensado que si mandas a un fotógrafo de moda a una guerra va a venir con un trabajo mucho más rico visualmente que lo que lo haría un reportero, al que interesa más la transmisión de la noticia».

A raíz de la publicación en Brasil de su primer libro fotográfico A Maior Praia do Mundo, comienza a desarrollar con más ahínco su faceta artística, exponiendo su obra en La Casona de la ciudad de Panamá y componiendo nuevas series en Tokio, El Cairo o Laos.

En 2009 se traslada a Madrid donde finalmente ha fijado su residencia; allí expone en diversas galerías como Begoña Malone y en paralelo le representa la Zielinsky Gallery en Barcelona.

Eduardo Marco ha participado desde entonces en numerosas exposiciones colectivas, entre las que destaca la realizada en 2012 en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra. Sin descuidar su cara más comprometida ni sus raíces americanas, ha expuesto junto a fotógrafos de la talla de Sebastião Salgado y Alberto García-Álix en la exposición colectiva Group Show Fundation Watu Acción Indígena en 2010, en la XI Muestra de documentales y fotografía de América Latina en 2011 y ha participado en las ediciones de 2013 y 2015 de la subasta organizada por Christie´s en beneficio de la Fundación Balia en el Museo Thyssen-Bornemisza.

En 2015 ha realizado una residencia de artista en Nueva Delhi, resultando en las series Color Field y The Painted World que mostrará en la edición 2016 de ARCO. Su obra está representada en importantes colecciones de España, Francia y Reino Unido.

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