30 ANIVERSARIO

30 ANIVERSARIO

September 15th  - 
October 28th

  • ALFONSO GALVÁN, Árbol en el aire, 2003
    Óleo sobre tela | 196 x 153 cm.
  • CRISTÓBAL TORAL, Mujer comiendo cerezas, 2006-2011
    Óleo sobre tela | 78 x 63 cm.
  • ANTONIO LÓPEZ, La parra, 1955
    Óleo sobre tela | 48,6 x 48,5 cm.
  • CRISTÓBAL TORAL, Equipajes 2, 2014-15
    Óleo sobre tela | 74 x 74 cm.
  • ANTONIO LÓPEZ, Rosas, 2010
    Óleo sobre tela | 53 x 50 cm.
  • JULIO LÓPEZ HERNÁNEZ, Lectora de Bamberg, 2011
    Mármol con poliéster | 40 x 20 x 28 cm.
  • JULIO LÓPEZ HERNÁNDEZ, Juan Pantoja S/N, 1972
    Bronce | 76 x 66 x 43,5 cm.
  • FRANCISCO LÓPEZ HERNÁNDEZ, Maribel y la fuente
    Bronce | 46 x 20 x 12 cm.
  • FRANCISCO LÓPEZ HERNÁNDEZ, Fran y Anabella, 2014
    Bronce | 60 x 28 x 18 cm.
  • MARÍA MORENO, Córcoles en primavera, 1978
    Lápiz sobre cartulina | 75 x 90 cm.
  • MARÍA MORENO, Entrada de casa, 1980
    Óleo sobre tela | 90 x 75 cm.
  • JOSÉ MOSQUERA, Sin título, 2015
    Óleo sobre tela pegado a tabla | 112 x 94,5 cm.
  • JOSÉ MOSQUERA, Sin Título II, 2016
    Óleo sobre tela | 87 x 102 cm.
  • EDUARDO NARANJO, Rincon 1, 2009
    Óleo sobre tela | 78,8 x 119,4 cm.
  • EDUARDO NARANJO, Rincon 2, 2009
    Óleo sobre tela | 78,8 x 119,4 cm.
  • AMALIA AVIA, Ayala nº3, 1990
    Óleo sobre tabla | 122 x 122 cm.
  • ISABEL QUINTANILLA, Ciprés, 2015
    Óleo sobre tela pegado a tabla | 100 x 70 cm.
  • AMALIA AVIA, Solidez y elegancia, 1997
    Óleo sobre tabla | 92 x 73 cm.
  • ENRIQUE SANTANA, Chicago River 1, 2013
    Óleo sobre tela | 152 x 122 cm.
  • ALFONSO GALVÁN, Juncos y pez, 2014
    Óleo sobre tabla | 50 x 70 cm.
  • ENRIQUE SANTANA, Hudson River 1, 2013_ 91 x 152_óleo sobre lienzo
    Óleo sobre tela | 91 x 152 cm.

30 ANIVERSARIO

The exhibition

30 años con las miradas de la Galería Ansorena

La Calería Ansorena celebra su trigésimo aniversario con una exposición en la que participan una decena de artistas de las diferentes facetas del realismo representadas por medio centenar de obras ya que esta firma ha mantenido su fidelidad, con amplitud de miradas, a lo que significa el término “realismo” que empezó a utilizarse en torno a 1850 por Champfleury, descubriéndonos la que ha sido responsable de esta galería desde sus comienzos, Cristina Mato, que existen tantas realidades como ojos que las miran para desentrañarlas.

Dicen los científicos que cada siete años los seres humanos cambiamos de células. Yo, que no soy científico, solamente puedo asegurar que la galería Ansorena ha multiplicado, en estos seis lustros, sus células artísticas ampliando los nombres que fueron acogidos en esta sala inicialmente y bifurcando las direcciones estéticas con la intención de transitar por el mundo de la calidad de los creadores expuestos, consiguiendo muchas veces no confundir verdad y apariencia que es uno de los errores que han llevado al realismo a un cierto descrédito entre los nuevos popes de la crítica que, sin embargo, con la defensa del eclecticismo del “todo vale” revalorizaron lo raro y mal pintado.

Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1930) plasma una realidad que ya no existe, frontales de tiendas que son parte del recuerdo, lugares donde habita la desolación y la tristeza de los tiempos oscuros entonados con cromatismos sordos porque lo que vemos son los desconchones que provocan las ausencias.

Alfonso Galván (Madrid, 1945) siempre ha transitado por los vericuetos del realismo mágico. Sus pinturas están pobladas de animales mitológicos pero también ha incorporado trabajos abstractos inspirados en la caligrafía oriental y telas imbuidas de erotismo. “Árbol en el aire” y “Juncos y pez” representan la metafísica de lo que se desarrolla en el ámbito onírico.

El magisterio de Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) en el campo de la técnica pictórica es palmario, pero además de la minuciosidad de su pincelada, yo enfatizaría en particular su visión utilitarista de los elementos prosaicos de lo cotidiano, como una bañera, un retrete o un lavabo, poniendo vida donde solo existen objetos sin apenas biografía.

Las esculturas de Julio López Hernández (Madrid, 1930) hallan su inspiración en el territorio doméstico. Sus piezas tridimensionales están cargadas de referencias íntimas y poéticas, además de convertir su realidad más próxima en una dimensión donde pueden convivir retratos familiares con mitos como García Lorca ya que ambos configuran su universo creativo.

La huella del Renacimiento italiano, especialmente Donatello y Della Robbia y el neofigurativismo de Marini y Manzú, son algunos de los faros de la escultura de Francisco López Hernández (Madrid, 1932), que destaca por la rotundidad formal de sus bronces, la sensibilidad del modelado y la espontaneidad de sus composiciones.

La característica fundamental que aprecio en la pintura de María Moreno (Madrid, 1933) es la limpieza y la claridad expresiva, la ordenación de un espacio físico donde ha dejado madurar sus sentimientos, convirtiendo el naturalismo paisajístico de sus cuadros en la geografía en la que habitan sus sueños cerca del corazón y de su casa, con indudable apoyatura dibujística.

La atmósfera con la que rodea sus pinturas José Mosquera (Madrid, 1954) nos circunscribe a una realidad casi fantasmagórica por prácticamente invisible porque su percepción plástica se sitúa por debajo de las imágenes que proyecta en los soportes, delimitando un espacio en el que la magia también alcanza su reivindicación.

La voluptuosidad se afirma en los cuadros de Eduardo Naranjo (Monesterio, Badajoz, 1944), que consigue reproducir una realidad trascendida en la que se ofrece un brillante surrealismo en el que los sueños son el material con el que trabaja, aunque en los paisajes de su pueblo natal que protagonizan esta muestra defina un naturalismo ascético y zurbaranesco.

Isabel Quintanilla (Madrid, 1938) interpreta la realidad que vive y en la que las intuiciones enmarcan una luz que todo lo envuelve. Sus cuadros son diálogos del conocimiento sensible, que bifurca el mundo entre deseo y realidad, y su “Ciprés” es una forma que crece con la intención de conquistar la celeste patria de los humanos que la precedieron.

Los edificios de “Chicago River” y “Hudson River” de Enrique Santana (Lepe, Huelva, 1947) evocan gigantes de cemento que parece que vayan a echar a andar. La soledad está incardinada en estas arquitecturas sin presencia humana construyendo una realidad que existe pero que obtiene mayor definición pictórica que vital.

La espera preside los interiores de Cristóbal Toral (Antequera, Málaga, 1940) en los que las mujeres van a iniciar un viaje sin retorno porque esa aventura tiene un final dramático, aunque ellas conserven esperanzas de un mundo mejor, igual que el artista que, inspirado inicialmente por el frío hiperrealismo, después utiliza el bisturí de la crítica social de las desigualdades.

Todos estos creadores se colocan delante de sus modelos para ver pasar la vida juntos y también, como le ocurría a Goethe en su lecho de muerte, aspiran a incorporar “luz, más luz” porque ese es el deseo que precisan para iluminar sus emociones.

Carlos García-Osuna

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